En el hotel El Jardín de Fuente de Gil, durante los actos de entrega de los IV Premios Hislibris donde los premiados reciben los famosos Celedonios, figuras artesanales, únicas y diferentes en cada categoría y que cada año responden a una temática diferente, la misteriosa muerte de Óscar Baelo, premiado con el Celedonio de Platón, supondrá un desafío para uno de los asistentes: Jorge Luis Formigal.
Manuel Valera inicia la andadura literaria (llena de guños metaliterarios) de Jorge Luis Formigal, un detective capaz de ver lo que para otros pasa desapercibido, alguien a quien podríamos llamar «el mentalista» español. Y todo ello con una ambientación que mezcla a la perfección ficción y realidad en cada uno de sus puntos, personajes, lugares y objetos.
A Manuel Valera le gusta que le llamen «juntapalabras». Muy posiblemente sea porque «periodista», «guionista», etc. le recuerden en demasía a la ausencia de Alicia. O, quizá, porque no sean epítetos homéricos. Manuel Valera lleva treinta y cinco años viviendo, y vive porque escribe, exceptuando la feliz estancia en la infancia, tiempo en el que también se vive, y sin necesidad de escribir. Hasta el día de hoy tiene cinco libros publicados: Futbolia, filosofía para la hinchada, El gato sobre la cacerola de leche hirviendo, El fin de la crisis, Alexandría.0, La Última maravilla de Alicia, su última novela, y Breverías, una especialísima recopilación de más de veinte años de poemas y relatos.
A Manuel Valera es muy posible que nos lo encontremos en los bares, en las plazuelas o en alguna librería, casi siempre con una libreta y un pequeño lápiz, con gabardina barojiana, pero sin rotos.
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