EL VERDADERO LIBRO DIGITAL, por Daniel Tubau

El libro digital existe desde hace bastantes años, pero las editoriales se resisten a editar libros electrónicos que de verdad aprovechen las virtudes del sistema digital. Sucede lo mismo en el mundo audiovisual con el reciente (en España y otros países) apagón analógico o encendido digital: se inventan cosas como la TDT para  intentar sacar dinero antes de que el monstruo televisivo muera definitivamente, para convertirse en algo mejor: un ordenador y un televisor (¿lo llamaremos teleordenador?).

Cada vez se editan más libros electrónicos, y también se venden cada vez más, como demuestra el que la librería Amazon este año haya vendido más libros digitales que analógicos. Es muy previsible que esta tendencia llegue a España en los próximos años.

Pero  todavía estamos en la prehistoria del libro electrónico, que podríamos comparar con lo que ahora se llaman los incunables, es decir los libros en la cuna, que son las primeras ediciones tras la invención de la imprenta, cuando el sistema todavía no se podía aprovechar a fondo. Se editan libros electrónicos que son simplemente el volcado de un libro de papel en el formato digital, lo cual es razonable porque podemos querer tener ese libro en uno u otro formato o en ambos. Eso no es grave, aunque también se pueden hacer libros electrónicos que aprovechen las virtudes del medio digital que resultan inalcanzables para los librops en papel. Sin embargo, lo que sí es grave es que los libros electrónicos se están vendiendo castrados, mutilados. El lector casi lo único que puede hacer es leerlos. Nada más. No puede escribir sobre ellos, salvo ciertas anotaciones que permiten algunos formatos, no puede copiarlos, excepto pequeños fragmentos. En definitiva, no puede aplicar a esos libros las mil y una herramientas que permite el prodigioso formato digital. Al suceder esto, resulta perfectamente razonable que alguien se lo piense dos veces antes de comprarse un libro electrónico: ¿para que quiero un libro digital con el que puedo hacer incluso menos cosas que con un libro convencional? Creo que una analogía puede ilustrar lo que está sucediendo con el libro electrónico:

Imaginemos que los libros en papel se hubiesen vendido como en la imagen: dentro de una urna, con un botón para ir a la página anterior y otro para ir a la página anterior. Algo así es lo que se está vendiendo ahora en el mercado de los libros electrónicos, con formatos cerrados como los de Amazon, Apple, Adobe edition, que es casi ya el estándar, etcétera.

Como es obvio, la razón que hace que se mutilen de esta manera los libros digitales es el miedo a la piratería, algo completamente absurdo porque cualquier libro, por muy cerrado que sea el formato puede ser pirateado fácilmente por alguien que tenga conocimientos medios en el mundo digital (y si no los tiene, puede encontrarlos con facilidad pasmosa en Internet). Así que es un esfuerzo baldío, pero más que nada es un error: el libro digital es superior al libro convencional porque es y debe ser absolutamente manipulable por el lector o usuario.

Nadie sabe cómo será el mercado de los libros en el futuro y de qué vivirán (viviremos) los autores de libros o música, pero me parece que la censura de los formatos digitales o la persecución de la piratería no ofrecerá ninguna solución. Más bien parece que la apertura de los sistemas favorecerá la difusión de las obras y que quizá poco a poco los lectores empezarán (empezaremos) a dar dinero llevados por nuestra implicación personal con la difusión cultural. Yo cada vez doy más dinero a través de Paypal o sistemas semejantes, a diversos autores, ya sean escritores, músicos o blogers cuya actividad me parece útil e interesante. Es un tema fascinante, que hará que quizá recuperemos hábitos del siglo XIX quizá más saludables que el comercialismo invasivo del siglo XX.

De eso y de otras muchas cosas, supongo, se hablará el próximo miércoles en la presentación de Evohé digital, un proyecto puesto en marcha por la editorial Evohé en el que sus creadores han decidido anticiparse al futuro y ofrecer los libros electrónicos con todas sus ventajas, sin mutilarlos. El lector, si así lo quiere, podrá leer el libro sin más, con un formato especialmente adaptable a las diversas pantallas (móvil o smartphone, tabletas, portátiles, ordenadores o, ¿por qué no? televisión), pero también podrá hacer más cosas con él, porque dispondrá también del pdf del libro.

¿Que eso permitirá que se piratee? Pues sí, claro, pero no vale la pena el esfuerzo, porque Evohé digital venderá los libros electrónicos a su precio real, no como están haciendo las editoriales convencionales que los venden casi al mismo precio, o a veces más, que los libros convencionales. Uno de los primeros libros que distribuirán en Evohé digital, y que ya se puede comprar, es mi novela ensayo de ciencia ficción Recuerdos de la era analógica, que se vende al increible precio de ¡3 euros!

Es exactamente el mismo libro que en papel se vende a 19 euros. Creo que a ese precio es incluso una buena manera de probar el libro electrónico y después, quizá, comprarse el analógico (la edición de Evohe lo merece, desde luego): si el libro no te gusta, sólo habrás arriesgado 3 euros. En mi caso, cada vez tengo más libros en ambos formatos.

En fin, la cita con el primer proyecto digital abierto que conozco es el día 13 de abril, en el Cervezas y libros de El Caldito. Para quienes no hayáis ido nunca, los Cervezas y libros consisten, como su nombre indica en presentaciones o charlas alrededor de los libros con cerveza gratis para todos los asistentes.

 

17 Respuestas a “EL VERDADERO LIBRO DIGITAL, por Daniel Tubau”

  1. Zen dijo:

    Genial artículo, Daniel. Te veo en el Cervezas y Libros deseoso de conocer más ideas de esas que fluyen en tu mente.

  2. Vitike dijo:

    Interesante reflexión, Daniel, como siempre. Estoy de acuerdo en que el mundo digital “nativo” ofrece muchas más posibilidades a la hora de contar historias o de transmitir información y conocimientos.

    Y es este punto, en mi modesta opinión, el que ha de ser desarrollado poco a poco, como algo realmente nuevo. Libros electrónicos, precios, distribución… es un mundo cambiante pero conocido. El nuevo modo de narrar historias está aún por crear. Daniel, adelante con el cincel.

    Saludos.

  3. Rodrigo dijo:

    Interesante artículo. Que me ha hecho pegar un brinco cuando he leído la terminante y generalizadora sentencia sobre la superioridad del libro electrónico.

    ¿Que el formato digital facilita la manipulación del libro por el lector? ¿Que gracias a dicho formato el lector podrá hacer más cosas con él? Puede ser, pero debo estar transformándome en un dinosaurio de la era analógica porque no veo claro qué más se podrá hacer con un libro aparte de leerlo, destacar con señales, subrayar, anotar en los márgenes… nada que no pueda hacer tranquilamente en o con un libro de papel. Por supuesto que no niego la utilidad de lo digital para los profesionales del mundo de las letras, al que no pertenezco, ni las posibilidades que depara en ciertos ámbitos específicos de la lectura –prensa, investigación escolar y otros, incluyendo la lectura de relatos breves-. Pero tratándose de la práctica de leer un clásico literario o lo último de Paul Auster, por no hablar de un ensayo de cierta extensión, no percibo mucho de ventajoso en el soporte digital. Se me dirá que el futuro acaso esté en obras de tipo “multimedia”, lo que –imagino- resultará excitante para los más jóvenes, no para uno que limita al mínimo las horas frente al televisor y que nunca ha jugado al PlayStation. Es que a mis 40 años debo ser un carcamal.

    Mejor no hablo del placer y la calidez de leer en papel, porque creo que esto depende mucho más del condicionamiento dado por la práctica y el entorno. Por descontado que en lo personal hallo ningún placer a lo de leer en pantalla.

    Aparte, creo que se puede pensar con optimismo acerca de los sistemas digitales en tanto instrumentos difusores de cultura. En este sentido lo de Internet es tremendo. Con todo, creo que no pasará de cubrir ciertas necesidades en cierto modo superficiales, o efímeras, por contraste con el grado de profundidad y de perennidad a que puede aspirar la tenencia y lectura de un buen libro. Que este libro, cualquiera sea, puedo descargarlo por Internet para luego imprimirlo, perfecto. Pero no es este el núcleo de la cuestión, porque una posibilidad como ésa sólo resolvería lo relativo a la disponibilidad del libro.

    Saludos.

  4. Rodrigo dijo:

    Bueno, me faltó un “no” en el tercer párrafo: “… no hallo ningún placer, etc.”

  5. Javi_LR dijo:

    Ay Internet, el triunfo de la educación popular horizontal, Rodrigo, para lo bueno y para lo malo.

    En cuanto a ventajas que el formato digital depara sobre el de papel (en lo demás, estoy de acuerdo contigo) son varias, Rodrigo, algunas bastante importantes: almacenamiento, ecología, costes de produción, rapidez de ejecución, corrección instantanea, ediciones simultáneas, notas y citas ilimitadas, sin riesgo a molestar, abaratamiento del producto (esta es una cuestión relativa acerca de la que reflexiona muy bien Nacho en el otro artículo), etc.

    En contra, aparte del placer sensitivo del libro, algo que dejó caer Rosalía el pasado miércoles y que no me quito de la cabeza: el concepto de inmediatez, de velocidad. Aunque… el tiempo es otra cuestión relativa.

  6. juanrio dijo:

    Se me ocurre otra cosa, Javi y resto de amigos, lo de “ecología” no se si será del todo cierto. Fabricar un lector digital implica el uso de diverso metales que se encuentran en poca cantidad en la Tierra y esto está resultando demoledor para los países africanos, donde se encuentran estos minerales. El hallazgo de los mismos ha generado guerras por su control, deforestación, esclavitud…..no se si eso casa con la ecología. Por otro lado una parte importante del papel que se utiliza en la fabricación de libros es reciclada y especialmente en el norte de Europa, hay una gran industria del árbol, cultivado ecológicamente y utilizado de forma sostenible para la producción de papel.

    No dudo que el libro electrónico tendrá determinadas ventajas, pero me sumo a lo dicho por Rosalía, volvemos a correr cuando yo quiero ser cada vez más lento para no perderme nada. Tanta velocidad en la producción de novedades digitales o editoriales, por citar dos campos, solo consigue generarme una cierta angustia ante lo que me pierdo por esa voracidad del mercado. El tiempo será relativo, pero desde luego no es infinito.

  7. Daniel Tubau dijo:

    (AVISO: Este comentario me ha quedado muy largo para este medio (considerado) tan rápido

    Está muy interesante el debate. Y es tan complejo que resulta difícil no equivocarse, así que intentaré tan sólo desfazer algunos equívocos, porque creo que todavía somos víctimas inevitables de las dicotomías simples entre lo digital y lo analógico, el papel y lo electrónico. Pienso escribir algo sobre ello, pero aquí va un anticipo:
    1) La rapidez: yo soy un amante de la lentitud más que de la rapidez, tengo entre mis relatos favoritos “Ningún mañana”, de Vivant Denon, que Kundera analizó en “La lentitud” (y cometió el error de traicionar, contándolo, descifrándolo y sintetizándolo rápidamente). Con esto quiero decir que el que los medios electrónicos nos permitan obtener cosas más rápidamente, eso no significa que estemos obligados a hacerlo todo rápidamente. Supongo que la imprenta de Gutenberg fue una verdadera revolución en rapidez, al permitir imprimir ejemplares para 100 personas en pocos días, en vez de esperar a que el copista tardara un mes o más en copiar un sólo duplicado. Pero eso no significa que los lectores que se hicieran con uno de los 100 ejemplares tuvieran que leerlo más rápidamente que el que adquiría la copia del manuscrito (a un precio supongo que prohibitivo para casi cualquier persona de la época, por cierto).
    Los teléfonos móviles son fabulosos, pero eso no significa que debamos convertirnos en sus esclavos, en sus servomecanismos. Yo el mío lo uso para leer mis correos, para escuchar mis libros y para mil cosas más, pero no para estresarme y correr: lo tengo prácticamente siempre desconectado (en su función teléfono) y raramente contesto a una llamada en el momento: yo decido cómo usar mi tiempo con ese veloz aparato.

    2. MANEJO DE EBOOKS Y LIBROS
    Los libros fueron en su momento un gran invento tecnológico Creo que Usher analizó a fondo este aspecto absolutamente tecnológico del libro que muchas personas todavía hoy se niegan a ver, definiéndolo más bien como una especie de ente cultural autocreado, o cayendo en el fetichismo material-espiritualista habitual.
    El libro impreso fue un paso más allá, que permitió hacer muchas más cosas con los libros. Algunas de esas cosas ya se podían hacer con los manuscritos, por supuesto, como escribir en los márgenes, pero claro, en los márgenes de un libro casi único pocos podían permitirse el lujo de escribir, y si todos lo hicieran al final se convertíría en ilegible. Otras cosas se perdieron inevitablemente, una de ellas, según Ong, el diálogo y la memoria (de nuevo, pues ya se perdió en Grecia, a causa de la escritura, como se lamentaba Sócrates): como ahora cada uno podía tener un ejemplar del libro, cada uno se encerraba con su tesoro a solas.
    del mismo modo, el libro electrónico va un paso más allá que el libro editado en hojas de papel pegadas por el lomo.
    Las diferencias entre la tecnología en vías de quedar obsoleta del libro de papel frente a la tecnología digital o electrónica son muchas, pero, la diferencia fundamental es que aunque ambas puedan ser válidas (y también la del manuscrito) su relación es algo así como la de la física newtoniana con la cuántica y la relativista: es una parte de ella, que sigue funcionando en ámbitos limitados). El libro, el antiguo libro, no se debe identificar de manera vulgar con ese objeto que sostenemos en la mano hecho de papel, tinta y cola de pegar. El libro antiguo es eso pero es otra cosa: es un sistema cerrado frente a un sistema abierrto (el libro electrónico). Entre las cosas que permite la nueva tecnología están muchas de las de la antigua, por supuesto: permite hacer infinitas anotaciones, permite hacer búsquedas precisas en un instante, convertir el libro en audio (volver a los placeres de la cultura oral), y muchas más cosas, pero también permite crear un libro a partir de otro, hacerlo crecer, enlazarlo, mantenerlo vivo, interactuar con él. No hay que olvidar que un lector electrónico no es un libro, ni siquiera una biblioteca universal, es (o debería ser) una máquina que permite crear más libros.
    Hay mucho más por comentar, pero creo que es mejor escribir un artículo para no acaparar estos comentarios.

  8. Valeria dijo:

    Yo no enfoco el problema desde las posibles utilidades, sino desde mis propias limitaciones: me cuesta cada vez más leer en pantalla cualquier cosa. De hecho, tras un paréntesis delicioso en mi vida, necesito de nuevo gafas, ahora para enfrentarme a una pantalla. Pantalla que es esencial en mi trabajo, pero de la que huyo en cuanto es posible. Para mí es una tortura leer en el ordenador, así que mis temores hacia los lectores de libros electrónicos se acrecientan de manera inversamente proporcional a su tamaño: a menor tamaño, mayor coste ocular, supongo.

    Y además, soy aún más carcamal que Rodrigo ;-)

  9. TATIANA dijo:

    por favor, alguien me podria explicar como se escucha un libro electronico, cuales son los pasos a seguir
    gracias

  10. Daniel Tubau dijo:

    Tatiana: la manera de escuchar libros es sencilla, pero en un comentario es difícil explicarlo. Tienes que usar las voces de Loquendo (la que yo uso en español es la que se llama “Jorge”. Esas voces funcionan con un programa lector como Text Aloud. Lo mejor es que me escribas un correo y te lo voy explicando: danieltubau@gmail.com Un saludo

  11. Enma dijo:

    Vais a vender o comercializar ya en AMAZON.ES ?

  12. Mr. Tompkins dijo:

    Una felicitación de un lector solitario desde México

  13. Nuruialwen dijo:

    Gracias, Mr. Tompkings, aunque sean tan tardías (confiemos en que aún nos sigas teniendo en cuenta y llegues a leerlas).

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