EL MUNDO DIGITAL, por Nacho Becerril

El pasado día 13 acudí, en un esfuerzo postrero por rememorar viejos tiempos y pasadas glorias, a la etílico-tertulia de Evohé. Además el tema, el mundo digital y la literatura, me gusta e interesa, porque uno también tiene sus ideitas y proyectos al respecto. Obviamente al reencuentro con apreciados compañeros se juntaba el placer de escuchar y debatir con mentes agudas e inspiradoras como Manuel, Javier, Daniel y el resto de los asistentes. El resultado fue altamente enriquecedor, aunque, dada la escasez de tiempo y la profusión de ideas y temas que se sucedieron, me quedé con ganas de más.

Como fruto de los pensamientos y cuestiones que allí surgieron, he perpetrado un largo y espero que no demasiado tedioso resumen de las opiniones que tengo al respecto, que se pulieron y enriquecieron sobre manera con lo que se habló (sí, recalcitrante y vehemente son dos calificativos que me van bien, aunque por escrito quedo más disimulado). Me gustaría compartirlos con vosotros, porque también sirven de resumen de mucho de lo allí dicho al respecto (normalmente nos conformamos con señalar lo a gusto que estuvimos y lo bien que lo pasamos, pero es una pena no compartir tanto bueno que se dijo —y que se pensó, qué caramba—).

Debo advertir antes de empezar que mi enfoque es desde luego el de una persona que trabaja en temas de organización y calidad de empresas y organizaciones, y por tanto muy influido por cuestiones de marketing, gestión, comunicación, etc. Meteré también algún apunte a pie de página y recogeré los comentarios que más me llamaron la atención.

Para empezar creo que hay dos puntos de vista a la hora de hablar de literatura digital:

Como autor (productor), entiendo que los nuevos medios tal vez puedan aportar nuevos medios de cómo narrar una historia. Es decir, influir en la forma en que narramos, y menos, en qué es lo que narramos (el hombre y sus intereses han cambiado relativamente poco en su historia, vosotros y vuestro gusto por lo clásico es buen ejemplo de ello). Para mi en realidad el reto sigue siendo el de siempre, parafraseando a Wilde[1]: tener algo que contar, y contarlo de la manera adecuada (es decir adaptada a las circunstancias de los destinatarios, en este caso, digitalizados; es decir, llegar al lector concreto al que nos dirigimos). Creo, sin embargo, que la actitud del lector sigue siendo algo pasiva (de hecho los famosos libros interactivos han ido decayendo, por algo será). Para una actitud activa el enfoque va más hacía videojuegos, etc… La fascinación de la herramienta o medio es importante, pero pasajera. Puedes ir a ver una mala película por verla en 3D si el 3D es una novedad, pero está claro que cuando se generalice, el espectador exigirá buenas historias. O dicho de otro modo, la curiosidad me mueve una vez, pero una vez visto lo que es, para volver necesito que me proporcione algo más (esa sorpresa/emoción/entretenimiento que se comentó). Me remito a lo sucedido en otros ámbitos, como el musical o el cinematográfico, que más tarde comentaré, y al hecho de que obras previas a esta revolución digital sigan siendo no sólo vigentes, sino referentes en la literatura.

En mi opinión el formato digital con capacidad de hiperenlaces funciona sobre todo en materia enciclopédica, donde el volumen no importa porque yo no voy a leerme todo, sino sólo aquello que me interesa en un momento dado y por tanto cuanto más haya y mejores métodos de buscarlo mejor[2] (de hecho, daros cuenta que nuestra mente también funciona con hiperenlaces, de carácter muchas veces orgánico y emocional). Pero cuando me cuentan una historia, mi actitud es la de receptor, y por tanto si influyo en ella, ya no es la historia que me iban a contar, y por tanto, ya no recibo lo que me querían dar (el mensaje, la sorpresa, la emoción, la información, la moraleja…).[3]

Como editor (distribuidor), está claro que han cambiado los formatos de acceso a la información. De modo similar, como ya he comentado, en la música ha cambiado el formato de entrega, pero siguen siendo canciones, y de hecho todo lo anterior sigue siendo válido, aunque ahora no se escuche en vinilo, ni en cd, sino por ipad, etc… Es decir, los músicos siguen componiendo y tratando de «llegar»[4] a los oyentes con sus creaciones, pero los canales a través del que lo hacen son distintos[5].  Está claro que en materia de distribución (editor), que no tanto en la producción (autor), donde los elementos fundamentales son la comodidad, el coste y el marketing (entendido como convencimiento de que se consuma mi producto en lugar de otro producto), hay que estar al cabo de lo que existe en cada momento.
Así, por lo que se refiere al factor comodidad, un comentario previo sobre el problema que comenté para descargar desde Evohé Digital. En mi trabajo, que es desde donde la consulto, sale descuadrada y hay partes que no se cargan por los filtros de seguridad, de ahí que a lo mejor que no fuera el lector «inteligente» que buscabais —no quise molestar con mi comentario, solo ayudar—. En definitiva, quiero recalcar que no es cuestión baladí el estar especialmente atento a los criterios de accesibilidad y sencillez de uso (programar como un genio para que lo pueda usar hasta un niño). Si el botón que tengo que apretar no me sale en la pantalla claro y destacado, porque está más arriba o abajo, se me tiene que ocurrir buscarlo, y no siempre el café de la mañana ha acabado de activar todas mis neuronas. Y sigo pensando que tal vez deberíais mirar lo del sistema del antiguo folletín[6], que te llegaba con el periódico de cada mañana. Es decir, en vez de bajar cada vez, suscribirme por ejemplo por un mes, y que cada mañana me llegara el correo automáticamente, solo abrir y leer. Vamos, lo que es una lista de distribución. Bueno, retomando el tema principal, obviamente con el formato digital en comodidad se gana una barbaridad.

En cuanto al coste, creo que el futuro está en lo que señalaba Daniel: un cambio cultural en nuestra manera de remunerar aquello que nos satisface. Pero antes de explicarme en este sentido debo exponer algo de teoría sobre el comercio. Está claro que un abaratamiento del dinero que pagas por algo influye en tu decisión de adquirir dicho producto. Pero el mecanismo que tiene un posible comprador es el siguiente: tengo una necesidad (me gusta leer, pero no cualquier cosa, sino algo que me guste), voy a cubrirla. Para ello voy a tener que pagar un coste: una cantidad de mis recursos monetarios (dinero), pero también, y este es el quid de la cuestión, de otro tipo. En este caso, me interesa destacar ante todo el coste temporal (tiempo de mi vida que dedico a esta actividad —una cosa puede ser muy barata, por ejemplo el autobús para ir a Sevilla, pero me supone mucho más tiempo, e incomodidades, que otra más cara, como el Ave, así que cómo valoro más el tiempo decido gastar más dinero y llegar antes—). Y dado que cubrir esa necesidad me va a supone un coste, voy a tratar de elegir lo mejor posible, es decir, acertar, y no pagar dinero y tiempo por algo que al final no ha cubierto la expectativa que yo tenía (el libro no me ha gustado). Es en este sentido donde el abaratamiento del producto influye, pero no siempre es decisivo. Prefiero pagar un poco más, pero asegurarme que el producto (libro) es bueno, y así no perder tiempo leyéndolo. Ejemplo: yo regalaba un libro, muy potito, de casi 300 páginas de relatos míos. Al ser regalado, el coste monetario del mismo era cero y por tanto tendría que haber ‘vendido’ la leche. Pero no es así. ¿Porqué? Pues porque la gente no estaba dispuesta a arriesgarse a perder tiempo (coste temporal) en leer un libro del que no tiene referencias. Y mientras el dinero es un concepto variable (puedo tener mucho o poco, y por tanto si soy millonario no me importa pagar 10 € por un libro, pero si soy un estudiante pelado miro mucho en que me gasto hasta el último céntimo), el tiempo es un concepto menos laxo: «gasto» —a grosso modo— el mismo tiempo en leerme 300 páginas de un buen libro, que 300 de un libro que no me gusta (y mientras tanto mi vida pasa y la parca se cierne sobre mí).

Así que no se trata solo de abaratar el coste monetario, sino también de convencer al lector de que el coste de tiempo que va a emplear va a merecer la pena. Y eso entra directamente en el tercer factor: el marketing. Está claro que las nuevas tecnologías hacen que sea más cómodo y fácil adquirir el producto (te llega a casa inmediatamente vía Internet), que el coste monetario sea mucho menor (el precio es muy bajo, aunque deba seguir existiendo), pero seguimos luchando contra el tercer factor. Dado que el coste temporal de consumir el producto cambia poco, debemos convencer de que nuestro producto merece la pena[7]. Y aquí el efecto de las nuevas tecnologías puede haber producido un efecto en cierto punto contrario: si antes acudíamos a una tienda donde el catálogo de libros a los que podíamos acceder era limitado (librería de barrio), ahora la tienda ha aumentado a niveles descomunales. No tengo ya los diez mil títulos de una tienda para elegir, ni los cien mil de un gran almacén, sino millones en el planeta global. Pero yo, sigo queriendo… un único libro. El siguiente que me voy a leer. Y esa es la cuestión, influir en su decisión: el marketing.

Dije que lo que me llamaba realmente la atención no era que Evohé hubiese apostado por formas de distribuir digitales. Ni siquiera la otra cara del mundo digital en la literatura, el autor, en el sentido de poder producir obras que aprovechen los recursos digitales, que solo es un reflejo de una cualidad —cuando no necesidad— básica del escritor, el ser hijo de su tiempo. Lo que más me había impresionado es que se ha apostado por poner los productos de mayor valor de Ediciones Evohé en el mercado digital. Algo que sin duda pasará más tarde o más temprano, pero que yo conozca es la primera editorial de prestigio, es decir, que pone el sello de prestigio de sus productos, en el mundo digital. No se trata de que queráis vender productos cuyo valor sea precisa y exclusivamente que son «digitales» (como las primeras películas que se sacaron para ver de video en casa, que eran malísimas, pero como estaban en video y era la novedad, se vendían bien. Luego, se paso a poner a video las películas buenas y ya nadie quería ver esas malas), sino que estos productos, que son buenos, también se puedan adquirir de modo digital, aprovechando la comodidad y bajo coste que eso supone.

Pero cara al futuro creo que es importante darse cuenta que no se trata de aprovechar la fascinación del medio, el adjetivo «digital», sino de mantener la calidad de los productos (no nos equivoquemos, incluso para su formato físico, pronto adquiriremos los libros en máquinas expendedoras que los imprimirán sobre la marcha en vez de en librerías —qué pena, ¿no?—). Desde luego el hecho de que se puedan distribuir de una nueva manera nueva, más cómoda y barata es un gran avance. Pero no hay que olvidar que el consumidor querrá invertir no sólo su dinero, sino también su tiempo, sólo si está convencido que el producto que adquiere va a satisfacer la necesidad que tiene. Es decir, se tiene que sacar un buen producto y además convencer al potencial usuario de que lo es. Y, de acuerdo con las leyes de la publicidad, eso supone primero poder acceder a él, es decir, encontrar la manera de que le llegue el mensaje, y luego, que este mensaje le convenza (por prestigio, etc…).

Y aquí retomo lo que antes decía sobre el cambio de cultura en la adquisición. Creo, tal como señalaba Daniel Tubau, que con el tiempo la adquisición será prácticamente gratis, pero se producirá un feedback, es decir, que tras su consumo, si nos ha generado satisfacción, entonces será cuando remuneremos este, tanto como agradecimiento como por que sea el medio de poder seguir adquiriendo nuevos productos similares en el mercado. Es decir, tras escuchar un buen disco de música, hago una donación al grupo como gratitud pero también con la esperanza de que así saquen otro y poder repetir la experiencia agradable.

Yo tengo un ejemplo, minúsculo, en tal sentido. Bastantes de los lectores de mi libro autoeditado y gratuito posteriormente me comentaban que les había gustado tanto que querían que les permitiera poder pagarme algo, hasta el punto que al final opté por pedirles que ese dinero que creían que el libro merecía, lo diesen al pobre de la esquina o a la iglesia u ONG que estimasen. Al igual que el coste de un libro no solo es solo monetario sino también temporal, mis beneficios como autor no son únicamente monetarios —de hecho lo son muy poco— sino ante todo de ego, por lo que me bastaban sus comentarios y podía prescindir de su dinero. Obviamente, si hubiese calculado que estos ingresos a posteriori me permitirían mantener mi nivel de vida, puede que hubiera optado por otra opción, pero esta seria otra historia (y otra técnica nueva de producir obras que ha surgido últimamente, el crowdfunding[8]).

Este es el resumen de las opiniones que quería transmitir y a las que la tertulia ayudo a definirse y aposentarse. Espero que os puedan aportar algo. Aunque claro, queda tanto por hablar y digievolucionar…

 


[1] Nota culta extraña en mí, pero ya que la tengo (gracias Zabbai)…
[2] Daniel Tubau comentó varios antecedentes de la lectura hipertextual, como eran el precoz artilugio que mostró de principios del siglo XX y el relato de Borges el jardín de los senderos que se bifurcan, aparte del Talmud, etc. A mi me recordó otro posible antecedente de los hiperenlaces como son las notas a pie de página de leyes y normativas, y la anotaciones que continuamente hacíamos en ellos antes de esta revolución digital, dado que lo vigente y aplicable se suele hallar disperso por multitud de normas y reglamentos).
[3] Para mí es fundamental la distinción entre información, datos, relaciones entre datos, etc., donde el mundo digital ha supuesto una auténtica revolución, no cabe duda, y la trascendencia de dichos datos, su conversión en valor, en algo nuevo y útil (en sentido laxo de la palabra). En definitiva, en conocimiento, y aquí es donde estriba la importancia del ser humano. Como ya comenté, hoy en día la informática, el corta y pega e Internet permiten realizar profusos informes visualmente apabullantes… pero en los que no se dice prácticamente nada nuevo ni interesante. Adornamos mucho la caja, y, como yo digo siempre, pónmelo en lápiz en tres líneas y con manchas de chorizo, pero no me cuentes lo que ya sé o puedo averiguar, sino lo que no sé ni se me ha ocurrido.
[4] Lo repito siempre. El hombre es la medida de todo. Sólo lo que a él interese o concierna, tiene sentido. No se avanza hacia donde se teóricamente se podría, sino hacia donde él encuentra interés.
[5] Otra cosa es que la tecnología les permita hacer nuevos sonidos (aunque, redundando en este tema, la música electrónica por ejemplo tuvo una gran repercusión en su momento, por la novedad, pero luego ha quedado ya en su nicho natural de existencia y como un recurso más a emplear, incluso por debajo de los violines de toda la vida).
[6] No quiero dejar de comentar la maravillosa descripción que hizo Manuel Valera sobre lo que suponía el tipo de escritura estilo folletín diario, y como era necesario que la actualidad no fuera un simple reclamo, totalmente legítimo por otro lado, sino una oportunidad para crear algo de valor. Es decir, fuente de inspiración y no mera anécdota. La verdad es que los antiguos folletines también se escribían diariamente, y que también incluían las novedades y noticias del día -había que captar la atención del lector del periódico-, pero algunos de ellos quedaron como obras maestras de la humanidad (Crimen y Castigo, p.ej) Incluso podríamos poner un ejemplo similar en el mundo de las tiras cómicas diarias. Mafalda se entregaba diariamente, y en muchos casos en la tira se hacía referencia a la situación política y social argentina de aquellos momentos. Obviamente en los recopilatorios que han salido después y a los que accedemos nosotros las tiras que nos llegan son aquellas cuyo valor es más atemporal, mientras que las otras se han obviado con entendible criterio por parte de la editorial. Es lo que yo comentaba sobre el valor intrínseco de una obra y su valor coyuntural (curiosidad). En todo caso me parece un género superdifícil y que merece la pena recuperarlo, aprovechando precisamente esa facilidad para meter el ejemplar diario en tu casa. Olé por Manuel y por vosotros.
[7] Esto es importante. Si antes comprábamos un libro por diez euros, eso no significa que ahora compremos diez libros por un euro; ¿para qué, si yo solo me voy a leer un libro por vez? ¿para acumularlos en casa? Ejemplo ilustrativo es la evolución que los usuarios del emule suelen experimentar con el tiempo. El coste monetario de los productos que adquieren es cero (o, mejor dicho, es tarifa plana: bajasen lo que bajasen pagaban lo mismo, o tan barato comparado con lo que se pagaba antes, que la ganga es abrumadora). En los primeros momentos, acostumbrados al sistema anterior, se produjo –y se sigue produciendo en nuevos usuarios-, un ansia desaforada por descargar de la red más y más, acumulando colecciones de libros, películas y discos, y manteniendo los ordenadores funcionando día y noche llenando cds, dvd y discos duros. Pero posteriormente los usuarios se dan cuenta que ni en mil vidas van a poder ver, leer o escuchar tanto como se han descargado, y empiezan a ser selectivos, no con su dinero, sino con su tiempo. Ahora se bajan aquello que les interesa (de hecho, ya ni se lo bajan, pero es una cuestión técnica, no conceptual) Es decir, empiezan a decidir qué adquieren en base a su coste temporal, no monetario. Y para ello, deciden dedicar parte de su esfuerzos y recursos no en la adquisición del producto, sino en la selección del mismo. Buscan, comparan, acuden a foros, páginas de opinión, etc.
[8] Vendría a ser una búsqueda de inversores previos. Yo expongo mi proyecto (película, libro, etc.) y busco personas que lo subvencione. Ya ha habido algún caso en España de novela editada de esta manera (el autor pedía 666 € por escribirlo, y los que aceptaban verían su nombre en el propio libro)

11 Respuestas a “EL MUNDO DIGITAL, por Nacho Becerril”

  1. Javi_LR dijo:

    Siempre con cosas interesantes que exponer, Nacho. Esa cabeza tuya que no para quieta. ¡Y que siga así!

    Tienes bastante razón en lo que señalas del tiempo.

    De todas formas, me quedo con las ganas de conocer tu opinión acerca de la falta de diversificación en los hábitos lectores, siendo paradójico que coincida, precísamente, cuando más oferta y diversificación hay.

    Respecto a las sugerencias: Se hará, sí, una suscripción. Y… ¡actualiza el navegador!

  2. Dido dijo:

    Vaya, no sé ni por dónde empezar. Supongo que por mi propia experiencia como lectora y como internauta.
    Hace algún tiempo, después de varias mudanzas tortuosas y comprendiendo que el estilo de vida que mis padres difrutaron en su día no iba a ser el mío (desgraciadamente me temo que tardaré mucho en asentarme) pensé que el formato digital sería mi salvación. Más barato, más asequible, más fácil de transportar, sin ataduras (a la medida de una nueva juventud nómada). Pero fue sólo una ilusión. Yo, que tengo treinta años, no soy nativa digital. Me he criado de otra manera y por mucho que me empeñe en negarlo mis valores son otros.
    No sé si es por fetichismo o porque el ser humano es un animal de costumbres, pero mi relación con el formato digital no ha logrado pasar del primer contacto. Y no me refiero sólo a los libros. Con la música me sucede lo mismo. Tengo un disco en formato mp3 (es más barato, más cómodo y más rápido adquirirlo así, y ya no digo nada si en lugar de comprarlo se descarga ilegalmente, que ése no es el tema), pero como me guste, irremediablemente acabo comprándome el formato físico. Y con los libros me sucede lo mismo. El formato digital está muy bien para los blogs y para acercarse a los primeros capítulos de una novela, pero como el libro me guste, optaré por el formato clásico. No sé explicar porqué, pero lo hago. Necesito poseer el objeto. Supongo que es algo inseparable de la cultura en la que me he educado.
    Puede llamarse fetichismo, coleccionismo o como se quiera. La cuestión es que, de momento, sólo recurro al formato digital para leer primeros capítulos o relatos, aunque creo que los libros digitales son parte del futuro (tal vez no todo el futuro).

    • Javi_LR dijo:

      Dido, se te echo en falta. Te hubiera gustado la charla del pasado miércoles.

      Comparto tu opinión. Pero creo que no se trata de eso, sino de mucho más. Los que estamos acostumbrados al papel, creo, siempre preferiremos ese soporte. Por eso yo no le veía ninguna riqueza a hacer lo mismo pero en un medio para el que no fue concebido. No obstante, creo que hablamos de cosas distintas: has mencionado a los blogs, y dices que para eso sí merece la pena. Exactamente es el planteamiento de Evohé digital: utilizar el medio digital para hacer cosas nuevas, para aprovechar sus virtudes. Para ciertos ensayos, se abren vías nuevas y comodísimas; la narrativa tiene distintos campos que explorar, campos que en el formato convencional son imposibles; el contenido puede ser enorme, sin las limitaciones del papel. (Por no hablar de la facilidad del corta y pega, de recoger referencias, de compartirlo, etc.)

      No se trata solo de libros, que Evohé seguirá editando de manera convencional, sino de mucho más.

      Dido, ¿has leído el artículo de Daniel Tubau: http://www.evohedigital.com/el-verdadero-libro-digital/?

      Te lo recomiendo.

  3. Historias dijo:

    Lamentablemente en un artículo siempre se quedan cosas pendientes.

    Yo creo que el formato papel no desaparecera del todo, siempre tendrá su nicho de nostalgicos y simples aficionados. Tal vez no tanto como ahora, pero la opción seguirá ahí y no cabe duda que tendrá su cuota de aceptación.

    Otra cosa, que ya señalo, es el tema de las librerias, que me dan más miedo.

    En cuanto a la pregunta que formula Javi, sobre la diversificación de los hábitos lectores, en mi opinión es un silogismo equivocado. Que el conjunto sea diverso no significa que sus partes lo sean. Precisamente un conjunto tan diversificado puede provocar una reacción sicológica y social hacia el individualismo y la reafirmación personal. O que el tiempo es escaso y no da tiempo pa tó.

  4. Rodrigo dijo:

    Este también es un interesante artículo. Me hace pensar que el soporte digital facilita mucho lo relativo a producción y distribución de libros, lo que está muy bien. El aspecto del consumo, es decir, la lectura de libros, no lo tengo muy claro. Y no hablo de accesibilidad ni de precio, sino de la práctica misma de leer.

    Sí, lo de la diversificación de hábitos lectores también me ha llamado la atención. Incluso un dinosaurio poco imaginativo como yo puede intuir por dónde va la cosa y percibir algunas virtudes en ello; otra cosa es que me resulte demasiado sugerente.

  5. juanrio dijo:

    No entiendo muy bien lo de la diversificación de los hábitos lectores, a lo mejor es lo que yo practico. Me gusta leer libros, los de toda la vida, los clásicos con sus tapas, sus solapas, su portada, o sin ella, su foto del autor si la tiene, su lista de otros títulos cuando es una colección. Me gusta ese mirar la portada, la contra, por dentro, por fuera, abrir al azar….pero también me descargo libros para leer en el ordenador, cuando tengo tiempo claro. Es una manera de aprovechar mi tiempo cuando no puedo sacar el libro pero si mirar la pantalla ¿es igual? No, sin duda no lo es, el ordenador es más cansado, no me permite cambiar de postura o leer en cualquier lado, la sensación no es la misma, a pesar de que muchos de los libros que me descargo los voy leyendo a la par en los dos formatos. No tengo lector digital, de momento, pero seguro que si lo tuviera también lo aprovecharía. También he llegado a escuchar libros, una experiencia distinta ¿es de eso de lo que hablabais?

    Por otro lado, no estoy seguro de que por ahora existan formas específicas de escritura para este formato, me refiero a la ficción. Cuando algún autor ha querido pasarse de novedoso no me ha generado una especial emoción, más bien se le veía demasiado el andamiaje a la historia.

    Lo cierto es que soy un lector desconcertado ante el panorama que se nos está presentando y que quisiera seguir disfrutando de la lectura como lo ha hecho hasta ahora…al menos hasta que el sistema me convenza de otra cosa.

  6. Javi_LR dijo:

    Hum… ¿Os referís a mi pregunta acerca de los “hábitos lectores” o a la respuesta de Nacho?

    Yo, desde luego, me refería a la cantidad de libros publicados y a la cantidad de potenciales lectores, y señalaba que pese a eso cada vez está menos repartida la lectura (de 70.000 novedades apenas se leen de manera más o menos amplia… ¿100, 150?).

  7. Rodrigo dijo:

    Más bien, yo tenía en mente los recursos multimedia, así como ciertas ventajas que pueden llegar a ofrecer los dispositivos electrónicos –si es que no lo hacen ya- en torno al manejo más o menos avanzado de textos. Cosas que, pensándolo bien, pueden llegar a hacer atractiva la lectura en formato digital, por ejemplo en el contexto de los estudios universitarios: seleccionar y destacar ciertos fragmentos, hipervincular, etc.

    Puede que la publicación en formato digital favorezca la difusión de estudios y monografías de corte académico que en papel resultan caros y de circulación restringida. Esto pinta bien.

    ¿Difusión de la lectura? Turbio asunto. Da espanto el enterarse de cómo escriben muchos chicos hoy en día, acostumbrados a mutilar el idioma e incapaces de hilvanar dos frases de manera coherente. Está claro que la sola multiplicación de computadores y la disponibilidad de textos en soporte electrónico no propaga el gusto de la lectura.

  8. Historias dijo:

    No había entendido bien el sentido de lo que decías respecto a la diversificación lectora, Javier.
    Tal como lo señalas creo que tiene más bien que ver con que el hombre es perezoso. Bueno, seamos más tecnicos. El ser humano tiende, como no podía ser menos, a optimizar sus esfuerzos (es la vieja teória que siempre repito del coste-beneficio, obtener el mayor beneficio al menor coste). Ello hace que en según y qué, según sus intereses personales, prefiera ceñirse a sendas marcadas que no le exigen poner mayor empeño y tiempo que en buscarse propias. Sobre todo si no tiene muy claro que vaya a obtener mayores ganancias de ese sobreesfuerzo. Es decir, para que voy a perder mi precioso tiempo en buscar un libro que me guste si ya me lo ponen en una bonita pirámide justo en la entrada del corte inglés. Y de ahí, tira para abajo en distintos níveles, según mis gustos sean más o menos exquisitos o rebuscados (es decir, si me conformo con algo que me entretenga en el metro, o la lectura de los clásicos rumanos del siglo XVIII me apasiona hasta la obsesión).
    Precisamente ahora iba a publicar una pincelada en facebook sobre algo que tiene que ver con este tema: porqué en la literatura de genero en la que me muevo, hay casi tantos autores como lectores.

  9. Curistoria dijo:

    Yo soy lector en ambos medios: tradicional y electrónico. En cuanto al hecho propio de la lectura no hay diferencias significativas. Dicho lo cual, hay puntos a favor y en contra de cada uno.

    Desde luego, el libro electrónico cambia las normas en la industria, eso es obvio. Y poco pueden hacer por parar dicho cambio. ¿Cambiará los hábitos de lectura? No creo que mucho.

    ¿Le forma de escribir? Aquí hay tres puntos:
    1.- Ficción tradicional – No creo que cambie nada y seguiremos leyendo historias buenas y malas de manera “lineal” y sin mucho cambio con respecto a al papel, salvo, por ejemplo, tener el diccionario más a mano que nunca o los mapas “contextualizados”, por poner algún ejemplo.

    2.- Ensayo y formación – Especialmente en el segundo caso la revolución será total y el mundo del papel casi desaparecerá. En el primero, en el ensayo, dependerá de aquellos ensayos destinados a la gran masa, los clásicos… Desde luego, las universidades y escuelas se poblarán de tablets y similares y no habrá mucho libros de formación.

    3.- Escritos nativos digitales – Serán obras, ficción o ensayo, que en su desarrollo y creación nazcan apoyándose en el libro electrónico y en sus posibilidades. Este mundo está por desarrollar y sin duda será el más sorprendente. Habrá tonterías y casos destacados, pero desde hace tiempo vengo pensando que un libro con “realidad aumentada” puede ser una gran cosa si se hace bien. Otro caso, sin ir más lejos, es “El fin de la crisis”, un modelo de libro o narración que sería casi imposible hacer en papel más allá de un periódico.

    Y por finalizar como empecé, con mi caso concreto, yo tengo ebook desde hace más de un año y lo uso a diario. Pero también a diario leo en papel y no he dejado de comprar libros físicos, de los de toda la vida.

    Saludos.

  10. Historias dijo:

    Totalmente de acuerdo, magnifico resumen. Yo me había centrado también en los temas editoriales, pero creo que desde el punto de vista del autor lo has dejado diafano.

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